Cookies management by TermsFeed Cookie Consent

Para nadie es un secreto que los atletas de alto rendimiento están siempre expuestos a posibles lesiones jugando al baloncesto. Uno de los problemas más comunes a los que se enfrentan estos deportistas es la fractura del metacarpiano, una lesión que también tiene alta incidencia en el mundo del boxeo. De ahí que se la conozca popularmente como fractura del boxeador.

La fractura de metacarpiano y el baloncesto

El motivo por el que esta fractura es tan común en este deporte es sencillo: los jugadores de baloncesto saltan con frecuencia a gran altura y luego caen, muchas veces apoyando las manos como amortiguador, lo que eleva el riesgo de perder el equilibrio y sufrir un accidente o, directamente, una fractura.

Otro motivo es que el baloncesto es un deporte en el que se usan mucho las manos, por lo que un golpe accidental de un rival o del propio balón puede también provocar la lesión.

Además de ser un proceso doloroso, una fractura de metacarpiano supone una baja obligatoria de al menos 3 meses fuera de las canchas, mientras dura el proceso de inmovilización y, posteriormente, las terapias de rehabilitación, casi siempre ligadas a sesiones de fisioterapia.

¿Qué es exactamente esta lesión?

Los metacarpianos son los huesos que se encuentran en la base de cada dedo: cada persona tiene 5 por mano, 10 en total. El que se fractura con más frecuencia es el correspondiente al dedo meñique.

Tipos de fractura de metacarpiano

Estas fracturas están provocadas casi siempre por golpes fuertes, ya sea en caídas o en otro tipo de accidentes, y se clasifican en distintos tipos según cómo afecten al hueso:

Transversal

Se produce formando un ángulo aproximado de 90º respecto al hueso, es decir, de manera perpendicular a su eje.

Oblicua

Al contrario que la anterior, es la fractura que no sigue esa dirección perpendicular.

Epifisaria

Se denomina así cuando se ven afectados los extremos del hueso metacarpiano, conocidos como epífisis, aunque también puede verse comprometida la parte central. Según el lugar afectado, las fracturas epifisiarias se dividen a su vez en articulares y no articulares, es decir, aquellas que afectan o no a ligamentos y tendones.

Tratamiento médico

Existen dos planteamientos ante este cuadro clínico: la inmovilización y la intervención quirúrgica. Solo un especialista puede determinar cuál es la más adecuada según el caso.

La inmovilización se realiza con una férula, y el paciente debe mantener la zona inmóvil durante al menos 3 semanas para evitar secuelas futuras. Suele aplicarse en las fracturas sin desplazamiento.

Cuando las partes del hueso quedan desalineadas —lo que se conoce como desplazamiento— lo más recomendable es optar por la intervención quirúrgica, en la que el especialista puede colocar clavos o tornillos según el caso.

Recuperación

Para hablar de recuperación es necesario esperar al menos 6 semanas, tiempo en el que se produce la unión de los huesos y la zona debe permanecer inmovilizada por completo.

Después llega la etapa de fisioterapia, fundamental para que no queden secuelas y el jugador pueda retomar su actividad con normalidad, recuperando los movimientos naturales sin dolor ni dificultad.

Prevención en la cancha

Aunque no siempre es posible evitar un golpe o una caída, hay hábitos que reducen el riesgo de este tipo de fracturas: un buen calentamiento antes de cada entrenamiento o partido, ejercicios de fortalecimiento de manos y muñecas, y el uso de vendajes o protecciones en jugadores que ya arrastran lesiones previas en la mano.

La fractura de metacarpiano en el baloncesto profesional y universitario

Muchos atletas profesionales han sufrido fracturas de metacarpiano y han vuelto a las canchas tras un periodo de reposo. Estados Unidos, conocido como la cuna del baloncesto, es uno de los países con mayor incidencia de este tipo de lesiones, precisamente porque el baloncesto se practica de forma muy intensa desde edades tempranas, tanto a nivel escolar como universitario.

De ahí que una beca de baloncesto en USA sea una alternativa tan deseada entre los jóvenes, que ven en ella un trampolín para mejorar sus condiciones deportivas y académicas.

Varios de estos jóvenes que optan por estos programas terminan siendo estrellas de la mejor liga de baloncesto del mundo, la NBA, por lo que jugar a este nivel es un privilegio para cualquier atleta.

Se calcula que en Estados Unidos existen al menos 2.000 instituciones universitarias que ofrecen programas de becas de baloncesto universitario para futuras promesas de este deporte.

El proceso de selección para acceder a una de ellas empieza al menos 2 años antes de finalizar la educación secundaria, con posibilidades tanto para chicos como para chicas.

Cada año se entregan alrededor de 50.000 becas de baloncesto en Estados Unidos, tanto para estudiantes nacionales como extranjeros. Quienes son seleccionados deben combinar sus estudios con un régimen de entrenamiento diario que incluye al menos 5 horas de actividad física, por lo que llegar en plena forma física —y superar los test que valoran los entrenadores universitarios, como el vertical jump y otros test físicos de baloncesto— es tan importante como recuperarse bien de una lesión como esta.